POR QUÉ CAEN LOS ÁRBOLES EN EL DISTRITO FEDERAL
¿Son válidas las razones que nos dan
las autoridades?
¿Se podrían evitar las tragedias
ocasionadas con la caída de los árboles?
¿Qué hacer?

Al principio solo se presentaban
caídas “imprevistas” de los árboles en la época de lluvias, acompañadas de
fuertes vientos. Ahora no, sea o no temporada de lluvias, en el Distrito
Federal frecuentemente hay noticias de árboles que se derrumban causando daños y
tragedias. Tenemos memoria de un accidente muy lamentable el 5 de Junio de 2003
(irónicamente el día del Medio Ambiente) cuando un eucalipto ocasionó la muerte
de un adolescente y graves heridas a su madre, en Río Churubusco cerca de la
confluencia con Viaducto Tlapan. Ayer un gran ficus
cayó sobre un camión en Coyoacán, causando gran daño, por fortuna sin víctimas
humanas (Reforma, 5 de octubre de
2011, sección Ciudad).
No se necesitan muchos estudios
para ver la gran cantidad de árboles muertos, secos, inclinados y peligrosos que
hay en toda la ciudad. Lo más lógico es que una administración responsable
empiece por eliminar y retirar estos árboles. Las autoridades actuales ya no
pueden seguir argumentando que no se hace porque la ciudadanía les va a criticar
por estar atentando contra la estabilidad ecológica. No es cierto, la realidad
es que hay negligencia, falta voluntad política (la madre de todas las causas) y
existe una total descoordinación entre las diferentes instancias encargadas, y
el problema ha crecido, principalmente en las vialidades primarias.
Todos estos graves accidentes se
pudieran evitar si existiese planeación o al menos previsión y mantenimiento de
los árboles en la ciudad. Lamentablemente el resultado es que la gente ahora
tiene mucho temor y sin más razonamientos prefiere desmochar o derribar árboles
que no ameritaban estos tratamientos.
Un árbol puede caer o
derrumbarse por muchas razones, todas son explicadas por la Arboricultura: la ciencia y el arte del
cuidado de los árboles urbanos. Se podrían clasificar estas causas en directas e
indirectas. Las causas directas son
las que vemos y evidentemente han ocasionado que el árbol caiga; son los
argumentos que utilizan las autoridades para “explicar” a la opinión pública la
razón del fracaso: que el árbol tenía sus raíces descompuestas, que son especies
de madera quebradiza y de raíces someras, que el suelo está reblandecido por las
lluvias, que el árbol estaba muerto, inclinado, en un talud, que las lluvias son
atípicas, etc., etc. En pocas palabras: los culpables son los árboles. Pero
quien los plantó y los abandonó allí fueron las mismas dependencias
delegacionales o centrales. Las causas
indirectas son las que están atrás y explican realmente por qué caen los
árboles. Además de las que ya se señalaron, las más importantes y de las que
vamos a tratar aquí son: falta de planeación en las arborizaciones
urbanas, pésima selección de especies, plantación inadecuada, ausencia de
previsión y carencia de mantenimiento para los árboles.
La planeación forestal urbana no debe ser trianual o sexenal, se hace para que los árboles duren 60, 80, 200 o 1000 años. La falta de este tipo de planeación ha sido la característica del tratamiento que se ha dado a las áreas verdes en el Distrito Federal desde mediados del siglo pasado, cuando la ciudad creció a un ritmo vertiginoso y hubo necesidad de crear espacios verdes. Aunque posteriormente, el llamado “desarrollo urbano” se ha dado sin incluir, más bien a costa de destruir las áreas verdes. Los sucesivos gobiernos de la ciudad han llevado a cabo trabajos de arborización, orientados más por los intereses inmediatistas de los políticos en turno que por las normas de la Dasonomía y la Arboricultura; estas ciencias no han sido las herramientas de los administradores de las áreas verdes públicas para la toma de decisiones en cuanto a las plantaciones urbanas.
En la actualidad, en el Distrito Federal, no se aprovecha todo el potencial de los árboles para amortiguar el calentamiento global y reducir la contaminación ambiental, visual y auditiva. Al contrario, impunemente los desmochan de manera lamentable, como en el “Viaducto”, para dar preferencia a los grandes anuncios llamados dizque “espectaculares”. Se está perdiendo contacto con la naturaleza, se olvida que son mucho más espectaculares los árboles.
El resultado es que las áreas
verdes de la ciudad se encuentran en un estado lamentable: especies inadecuadas
para la función y el espacio en que deben crecer, árboles muertos, plagados,
riesgosos, desmochados, amontonados que compiten unos con otros, mal instalados,
inclinados y que no logran desarrollarse saludablemente. Por desgracia esta
situación no ha cambiado hasta el momento
y el triste espectáculo de árboles que causan daños se sigue repitiendo,
cuando de haber planeación estas tragedias se pudieran evitar.
La selección de las especies no ha sido la indicada para los diferentes sitios de la ciudad y para la función que se desea que cumplan los árboles. No se siguen las indicaciones de las técnicas de la arboricultura, se adoptan criterios políticos, en donde ha imperado la “norma” de la cantidad y no la calidad de los árboles. Actualmente, en el Distrito Federal, los árboles no viven más de 40 años, en promedio. Se plantan especies de talla chica de mala calidad, que en poco tiempo ya están plagadas, mal enraizadas, con crecimiento defectuoso y por consiguiente, con riesgo de caer fácilmente.
Aún hoy, en el siglo XXI, los
árboles se siguen plantando abajo del nivel del terreno, como todavía se hace en
las áreas rurales, sin una infraestructura especial como lo manda la
arboricultura, que garantice un desarrollo sano y amplio de sus raíces.
En la actualidad no hay excusas,
existe la técnica para diagnosticar y valorar el riesgo que representa un árbol.
Es posible medir el grado de avance en la descomposición de la madera, la
condición de las raíces, la estabilidad estructural y el estado de vigor de un
árbol. De tal manera que se puede determinar con alto grado de certeza si el
árbol va a fallar y tomar con anticipación las medidas necesarias. Además, la
arboricultura cuenta con un arsenal de herramientas y técnicas para tratar y
resolver los problemas de los árboles. Y lo más importante, medidas que de
tomarse a tiempo salvarán al árbol y evitarán que éste cause más tarde daños
irreparables.
Es la hora que no tenemos datos actualizados acerca del recurso árbol urbano en el Distrito Federal. Las preguntas básicas del manejo dasonómico: qué, dónde, cuánto, cómo, cuándo, quién, aún no se responden. Cuántos árboles tenemos, de qué especies, cómo están distribuidos espacialmente, en qué condición se encuentran, qué requieren, cuánto cuesta su tratamiento, cómo lo vamos a realizar, cuándo y quién lo va a ejecutar son aspectos de los árboles que se ignoran en el Distrito Federal. Las delegaciones trabajan en una labor típica de bomberos (con todo respeto para los bomberos, en su caso plenamente justificado) resolviendo lo inmediato, no lo importante; trabajando hoy aquí, mañana allá, a ciegas, sin ningún plan sistemático; con personal carente de capacitación, y sin una dirección técnica en el campo, para realizar los tratamientos adecuados que demandan los árboles.
Además del desmoche, el
mantenimiento que se da al arbolado en el Distrito Federal con las “podas de
elevación del fuste”, como equivocadamente les llaman, no ha hecho más que
empeorar el problema, al elevar exageradamente la copa de los árboles,
dejándolos como palmeras, haciéndolos más propensos a caer por el efecto de
palanca que se hace cuando les da el viento o por el peso del agua en el
follaje.
La situación amerita que se
reconozca que estamos como estamos y se tomen ya las medidas conducentes para
ordenar y orientar el manejo del recurso árbol urbano. Estas directrices son de
diferente índole: legal, administrativa, técnica, social, organizativa,
económica y política, principalmente. Pero bien vale la pena trazar estas
orientaciones, y parece que es tarea de todos: sociedad, gobierno, arboristas (los especialistas en el cuidado de los árboles
urbanos) y todos aquellos que vean la importancia de contar con los árboles que
merece la Ciudad de México. Árboles que no causen pavor (tanto por su
peligrosidad como por su feo aspecto), al contrario, que evoquen placer, que
embellezcan el entorno y ayuden a mejorar nuestra calidad de vida.
Mientras no se haga lo que se
requiere la frecuencia de la caída de los árboles va a aumentar en el Distrito
Federal. Aquí bien valdría la pena una lluvia de ideas para orientar la
discusión e ir construyendo el camino hacia una sustentabilidad urbana teniendo
en cuenta a los árboles. Porque los árboles seguros y saludables son
imprescindibles para un desarrollo urbano sustentable.
Documento elaborado por Daniel
Rivas Torres, Arborista Certificado por la Sociedad
Internacional de Arboricultura. 2011.
http://www.rivasdaniel.com
Email: rivasdaniel@usa.net